miércoles, 10 de septiembre de 2008

Paseito

Todo empezó hace como tres semanas con una llamada de Julian e Inés: “¿Se prenden a un viaje a los Kootneys? La idea es salir el lunes 25 y volver el primero de septiembre, alquilamos un auto y dormimos en carpa. Piénsenlo y nos avisan”. No tuvimos que pensar ni un minuto. Somos fáciles, fue un Sí al unísono seguido de sonrisas.

Rápidamente nos pusimos en campaña para conseguir los básicos del camping y afortunadamente tenemos amigos que están en la misma onda, así es que no solo nos prestaron (gracias Lisa!) sino que nos donaron, entre otras, una carpa y un colchón de plumas inflable de alta tecnología (gracias Diego!).

Alquilamos un carro, que en realidad parecía mas de yupi con destino a conferencia de marketing, que de cuatro estudiantes en sus treinta (ok, Ine todavía clasifica en los veinte) con destino a parques nacionales y de campamento. Pero ahí metimos todo el menaje.

Esta fue la ruta que hicimos (ver mapa y tratar de imaginar ruta)

Vancouver-Hope-Nahatchlach River-Merrit-Kentucky Alleyne Provincial Park-Kelowna-Silver Star-Penticton-Nelson-Kokanee Creek Provincial Park-Kaslo-Vancouver

Los paisajes lindísimos y variados: montañas, valles, lagos, ríos y bosque, bosque, bosque… visualmente espectacular porque parece otoño pero si uno mira con detenimiento se da cuenta que algo anda mal. Son pinos y hasta donde uno sabe los pinos están siempre verdes. Bueno, resulta que hay un bicho (pine beetle) que por falta de inviernos largos y fríos o sea por el calentamiento global (que uno celebra cuando vive acá y es oriundo del trópico) está acabando con grandes extensiones de bosque en Canadá. El bichito le hace algo al árbol y entonces eso hace que cambien de color al mejor estilo otoñal pero en realidad se están muriendo.

Los ríos y lagos son transparentes, azules-verdosos y ¡¡¡helados!!! Muchos son hilitos de agua en invierno y después con el deshielo de los glaciares se vuelven caudalosos y con rápidos interesantes para los que hacen rafting y kayak. Créanme que todos los días decíamos: “mañana si me meto” pero la verdad es que fue imposible pasar de las rodillas. Para calmar las ganas de deporte acuático hicimos kayak pero no en aguas turbulentas sino tranquilas en el Kootney Lake. No nos caímos y aunque por momentos girábamos sobre nuestro eje, logramos avanzar. Excelente tarde.


Animales? Si, varios. Vamos a ir de los más comunes y menos asustadores a los más exóticos y totalmente asustadores: pajaritos, ardillas, chipmonks, salmones, nutrias, castores, ciervos, arañas (en esta provincia uno siempre esta al menos a un metro de distancia de una, ¡es verídico!), osprey (tipo de ave rapaz (la más rápida del mundo en caída libre), serpiente chiquita y ¡un oso (no tan chiquito)! ¡Vimos un oso! Digamos que es una experiencia muy Canadiense y me alegro de haberla tenido pero el susto fue violento. Yo hice todo lo que no hay que hacer: contacto visual y salir corriendo (4 pasos… ¿para qué?). Oli hizo lo contrario, o sea, lo que corresponde. El oso era joven y estaba en cuatro patas dirigiéndose al rio a cazar salmones (que a todo esto estaban subiendo el río para desovar, ¡¡¡increíble!!!), parecía que estábamos protagonizando un programa de Discovery Channel. Por supuesto que las piernas, voz y demás quedaron bastante afectadas después del episodio.

Hicimos algunas caminatas, algunas monte arriba y otras en terreno plano pero todas buenísimas. En las alturas juntamos y comimos huckleberries y fresas silvestres, y para relajar los músculos después de tanta caminata fuimos a unas aguas termales. Excelente. Pero otro plan increíble fueron las visitas a los viñedos y fruterías de la zona de Okanagan (la más calurosa de la provincia, veranos de 40°C).

La ciudad ganadora del viaje por votación unánime fue Nelson, no solo por tener una arquitectura mucho más amigable que los clásicas construcciones cuadradas y de cemento americanas (léase Blockbuster, OfficeDepot, Wal-Mart, etc.). que se encontraban en las otras ciudades, sino por la onda: muchos cafecitos, casitas de colores, actividad al aire libre y comida rica. Pero Oliver, la capital del vino de British Columbia, nos aporto varias risas, todo gracias a Oli.

Un viaje que da para repetir así es que el que lo vuelva a proponer ya sabe que la respuesta es Si.


Algunas fotos (Click sobre la foto para zoomear):

Río Fraser:

Río Nahatchlach:





Un cruce audaz:





Aca se ven algunos de los pinos rojos (muriendo por el "Pine Beetle" (insecto)):
La famosa praderita en el bosque:
Las bicis suben por silla hasta la cima.
Algunas rampas que armen en el medio del bosque para hacer piruetas en bici:
Un Osprey y su nido:





Las chicas buscando frutos del bosque
Llegando al Okanagan, la zona semidesértica, de mayor producción vitivinícola de Canadá.
Sil en los viñedos indígenas Nk-Mip.
Entrada al Centro cultural de la Nación indígena Nk-Mip

Recibiendo un homenaje muy esperado:

Disfrutando un Flichman del pico (zoomear etiqueta para corroborar):

Nuetra nave alqulada. Es costumbre local proteger los vehículos con alambrado para evitar que puercoespines y otras alimañas te coman los cables de los frenos.
Camino hacia el lago Kokanee
Roberto, nuestro Chipmonk más amigo de todos:

Lago en el Kokanee Glacier Park

Vista del lago Kootenay:

Acrobacias de alto riesgo:

Sacudiendo la carpa antes de desarmarla:
En Kayak doble por el Lago Kootenay:
El pintoresco pueblo llamado Nelson:

Foto relámpago en el habitat del oso negro muy temprano por la mañana:



El tren y Oliver: Un sólo corazón.
Silvia se cansó del auto alquilado y consiguió este para volver a Vancouver.







miércoles, 20 de agosto de 2008

Un camino interesante

¿Adónde nacen estos desvaríos? ¿Qué ingredientes les dan vida? Merodean en círculos a mí alrededor. Echan zarpazos impredecibles que me dejan al borde de lo que no debo sentir.

Diez días en silencio y soledad pueden ser una batalla campal conmigo mismo. No en contra mío, sino conmigo. Es diferente. El sudor desde esta trinchera es diferente, la respiración se agita y se calma de otra manera, la mente es un despilfarro de creatividad a destiempo, creatividad que quizás nunca sea aprovechada, creatividad que solo pertenece a esos momentos que ya no son y que no guardan registro de su creación. Llega la fantasía, la locura, se hace vívida y se va. Ya se fue. Solo queda la decisión de buscar la paciencia o clavarse un puntazo más de frustración.

Durante los primeros cinco días la paciencia es una opción accesible, hasta divertida. Fijo mi atención en la respiración, en el ingreso y salida del aire por mi nariz, las sensaciones que esto genera en las paredes internas de la nariz, los bordes de las fosas nasales, en el bigote, que ya para el quinto día parece moverse como las algas que dormitan al ritmo de tranquilas corrientes marinas. Pasan las horas. La mente se afila, se hace, paso a paso, más precisa y sensible. Repentinamente, se vuela como un puñado de cenizas que busca la nostalgia o el sueño para anclar su descanso. Trato de mantenerme ecuánime frente a estos escapes, sonrío muy sutilmente, de manera casi imperceptible a la vista pero que es un alivio muy tangible a mi rostro que de otra manera se mantiene perfectamente quieto por largo tiempo. Y vuelta a empezar. La respiración, tal como es, débil o fuerte, profunda o superficial, como sea que es. Segundo a segundo, segundo a segundo…y ¡Zas! La mente de paseo nuevamente. ¡Paciencia, no me dejes ahora, labios míos, estírense una vez más para volver a empezar”.

Día siete. ¿De dónde vienen estos desvaríos? Quiero que mi mente sea una flecha elegante, precisa, afilada, en vez de este corcho volador despeinado. Vuelan mis pensamientos luego de la segunda exhalación. Me hablan galletitas, un enano me ofrece chocolates, observo conversaciones entre enfermero y paciente, un hocico de perro que al ladrar se trasforma en mi profesor. Por dios, que me pasa, vuelvo a la respiración que me salva por algunos segundos pero inmediatamente ¡fuera de aquí! Como lanzado al espacio exterior por una ballesta histérica. Jonrón con mi cabeza.

Luego de días de transitar un camino solitario, rocoso y empinado, luego de descubrir con alegría las mejoras, los acercamientos, las profundidades, la conexión de cuerpo y mente, la compasión, luego de todos estos méritos, premios, hallazgos, luego de todo esto, resbalo torpemente por un precipicio endemoniado. La opción de la paciencia me da la espalda, la frustración comienza a dar sus puntazos y me duelen.

Día ocho por la tarde. Santo alivio. -Volcanes durmientes- me dice en voz baja. -Muy normal, la mente aún se resiste y usa todo su arsenal para prevenir que la calmes y domines, el Ego no se rinde fácilmente-. Lejos estoy de “fácil”, quisiera decirle. En estos días de silencio donde no intercambio ni siquiera miradas con mis compañeros de viaje, unas pocas palabras de nuestro guía y la batalla toma otro color, vuelvo a entender el “conmigo” y no el “en contra mío”. Tomo fuerzas y el aire vuelve tranquilo.

Día nueve. La veda sigue en pié pero tiene sus horas contadas. El silencio ya tiene sentencia de muerte. El aire es limpio en estas montañas, el sol brilla por sobre los pinos por donde pasean ardillas y aves. Esta aventura llega a su final feliz, una victoria que no deja víctimas mortales, sólo algunas heridas que sanan ya y robustecen el ánimo.

Diez días de meditación en silencio han sido una experiencia sin igual, sin explicaciones ni intelectualizaciones posibles, sólo una experiencia única que ya es parte de mí y yo parte de ella.

Por si a alaguien le interesa saber más sobre esto y ver en que consiste un día típico:

http://www.spanish.dhamma.org/code.htm


lunes, 28 de julio de 2008

Todo se transforma

Escuchando esta canción de Jorge Drexler recuerdo alguna clase de física en el colegio donde aprendí que la energía siempre cambia de forma pero nunca se pierde, nunca desaparece.

Parece que el miedo a la altura tampoco se pierde ni desaparece, sólo se transforma en más miedo a la altura. Por segundos se transforma en valentía si uno se esfuerza, pero luego vuelve a ser lo que es, miedo, retornando en el peor momento: cuando uno está elevado, alejadito del suelo.

Yo y una escalera de pintor de 7 metros. Pincel en mano derecha, mano izquierda agarrotada y afianzada como una prensa a la escalera de aluminio. Cualquier movimiento en falso envía un rayo de sensciones desagradables por el cuerpo. Mi cuerpo se pega a la escalera hasta convertirme en un ser humano escalonado. Pero tengo que estirarme para pintar de negro las vigas de madera infinitas, hogar de arácnidos variados y amigables. Para eso me pagan, y si quiero sushi mas vale que pinte vigas en la altura. Con las arañas que encuentro tengo un trato: les hago de campana cuando se aproxima alguna avispa arañera, y ellas me prometen atrapar con sus telas en caso de que yo pierda el equilibrio.

¿Qué es lo que me pasa, qué es este miedo a la altura, vulgarmente conocido como vértigo? ¿De dónde viene? ¿Qué es esto de no tener miedo al tirarme de paracaídas o volar en parapente pero no poder subirme a una escalera alta sin sufrir, o no poder acercarme a la baranda de un balcón de un noveno piso o peor aún, sufirir como un perro al ver a alguien acercarse a la baranda de un balcón?

En estos últimos dos meses he tenido la posibilidad de enfrentar este miedo. Día trás día, escalón trás escalón, exhalación trás exhalación. He mejorado. Por momentos me siento seguro y puedo estirarme con más comodidad hacia los costados para pintar mayores extensiones. Hay otros momentos en que la escalera y yo somos inseparables, un sólo cuerpo, y si el rodillo no tiene extensión o estoy con el pincel, entonces soy un pintor ineficiente que requiere subir, pintar, bajar, mover la escalera, subir, pintar, bajar, mover, etc, muchas veces para cubrir sólo unos pocos metros de viga.

Un día Santiago (mi jefe y amigo, y es relevante mencionar que fue durante un par de años guardaparque en el Aconcagua) alquiló una grúa con un brazo con extensión de 20 metros para pintar vigas ubicadas a más de 10 metros de altura. Sorprendentemente no sufrí de vértigo, andaba como un hombre araña cualquiera, asomado, estirado por sobre la baranda de la caja de la grúa. Me sentí intrépido, audaz, con el miedo superado, uno de los hombres más seguros del mundo, pecho inflado, el mundo en mis manos. Un gran día. Al día siguiente treparme a la escalera a unos 4 metros de altura fue nuevamente un martirio. No lo podía creer. Traición. Mi mirada hacia mi mismo fue la de William Wallace a Robert the Bruce cuando descubre tamaña traición. Empezar nuevamente de cero, como si la memoria hubiese hecho huelga, como si hubiese sido spolo un sueño.

¿Qué es esto del vértigo? Voy a investigar. Cualquier contribución de ustedes, los amigos de este blog, compartan o no este sufrimiento, será muy apreciada.

Mientras tanto, y ya que la doña y yo nos tomamos unas vacaciones hasta mediados de Agosto, los dejo con algunas fotos y videos de nuestro fin de semana el el festival de música folk de Vancouver. Un fin de semana entero de 10 de la mañana a 11 de la noche, 7 escenarios y música de distintas partes del mundo. Cerró el domingo con Michael Franti and the Spearhead (Excelente banda Californiana de Reggae - Hip Hop). Fueron días increibles de verano. La gente deja sus cosas temprano frente al escenario principal (pareos, mantas, mochilas, etc) y luego recorre los distintos escenarios durante todo el día. Nadie te roba nada, el pasto no se llena de basura, no te roban el lugar. Todos bailan, toman sol, duermen, charlan, fuman ( no se puede tomar alcohol en lugares públicos). Digamos que diferente. Músicos para recomendar: John Butté (New Orleans), Eneida Marta (Africa occidental, Portugal).

Silvia ya partió para Bogotá a conocer a su sobrina. Pasará también unos días en Cartagena. Pobrecita. Yo me internaré en la montaña por 10 días.




Este peón me viene bien como enano de jardín...me lo llevo.

Sil siempre con el chiste fácil.



Y pensar que con Julián somos amigos desde salita de 2.

Sil se hace la hippie entonces ahora tiene una casa acorde (tippie).

Les juro que dejan todo ahí por horas y nadie roba ni mueve nada.
Diego, Lisa, Sil, Inés y Julián

Sil de Hippie elegante.
Orchesta Marroquí.
Luces de vela que pasan por los alrededores.
Un hula hula frenético.


domingo, 13 de julio de 2008

Pepe L’amour en Broadway


Si, si. El título es literal y no hace referencia a ningún espectáculo teatral con Oli como protagonista.

Vimos caminando a Pepe L’amour (Pepe Le Pew), orondo y sin prisa, por el andén (vereda) de una de las principales avenidas de la ciudad. Y no era un muñeco gigante de peluche haciendo propaganda al dibujo animado de los 80’s. No, era el mismísimo zorrino o zorrillo. Todavía no sabemos si la diferencia de nombre que cada uno de nosotros le da a este animal, tiene que ver con nuestra lengua materna o con la ignorancia de los dos. Ya teníamos sospechas de que ese olorcito que navegaba por el aire en el anochecer de nuestro balcón no podía ser el resultado del agite de las canecas de basura, era un olor muy particular y nuestras caras se transformaban como la de la gata (Penelope Pussy Cat), accidentalmente pintada con una raya blanca en su lomo, en los dibujitos animados. Pero quiero contarles que no es el único animal exótico (para ciudad) que vive en Vancouver. Hace unas noches oímos el aullido de los coyotes en el bosque y en un día de bicicleta por Stanley Park vimos un mapache, y desde nuestro balcón un águila. Por supuesto de nada de esto hay fotos pero créanlo porque es cierto.

De a poco y con cautela nos adaptamos a las costumbres Vancouverianas. Una de ellas es caminar en la cuerda floja. Si, parece ser de lo más común acá. Imagínense que les contamos con el pecho hinchado a unos amigos (locales) sobre nuestra hazaña y los tipos tranquilos y sin cara de sorprendidos dijeron: ah! Que bueno, yo también lo hago. La escena era muy graciosa: edecán de lado y lado sufriendo el efecto torniquete de mi mano sobre sus brazos, pierna temblorosa, paso inestable, ataque de risa, indicaciones de no mirar para abajo sino para el frente y yo que miraba para abajo. Oli fue más profesional que yo. Julian y Diego lo hacen solitos, dan la vuelta y hasta han saltado y vuelto a caer sobre la cuerda. Es mas, tienen equipete personal de cuerda floja. Insólito.

Con mis edecanes:

Oli haciendo un reconocimiento del angosto terreno.

Julián y Diego , conocedores del tema:

Otro episodio de estos días fue el avistaje de fuegos artificiales del día de Canadá (1 de julio). Sin precedentes. Nos habían dicho que era espectacular y nos indicaron el mejor sitio para verlos. Muy obedientes allá estuvimos una hora antes del comienzo (9:30pm) para asegurarnos lugar. Rodeados de centenares de locales sabíamos que estábamos en el lugar correcto y además intuíamos que era un show imperdible porque solo dos días del año tiran pólvora en Vancouver: Canada Day y en la competencia internacional de juegos pirotécnicos. ¿Qué paso? Pues aparentemente este año decidieron cambiar el lugar y resulta que tiraron la pólvora del otro lado de la bahía, o sea, solo vimos los voladores (cañitas) potentes que se asomaban por entre los edificios del centro y eso fue todo!!!!!!!!! Incrédulos pensamos que nuestro show empezaba mas tarde así es que nos quedamos un rato más, igual que el resto de la gente. Pero no, nunca hubo nada. Y lo peor, eran las 11.15 de la noche, de un día de semana y teníamos que bicicletear de vuelta (en subida) a casa. Me quedo con el avistaje de pólvora de vecino que se acostumbra en Buenos Aires en las fiestas decembrinas. Quiero pensar que todos los personajes que agitaban su banderín canadiense y que estaban en el mismo lugar que nosotros estaban igualmente desilusionados, ¿o acaso lo que vieron era lo que esperaban?

Oli esperando hace horas el anochecher para ver los destellos pirotécnicos.


"Dale Oli, ¿donde están las lucecitas de colores? Ya vamos dos horas esperando.
¿Qué dices, le pregunto a este mejillón?

Ahora me voy pero antes un comentario: dejen de hacerse los que prefieren mis textos porque la pluma de Oliverio es calidosa y a varios ha atrapado.

Comentario de Oliver:
Fuimos a ver al Cirque Du Soleil, show: "Corteo". Excelente. Sil lució vestido colorido y peinado sauvage al vientico.

viernes, 4 de julio de 2008

En búsqueda de una heroína con onda.


¿Ustedes creen que yo no me doy cuenta cuando no visitan el blog? Pues sí. Me doy cuenta, y hoy, como hace aproximadamente dos meses, la franca decaída del número de visitas a nuestro blog me indica que es tiempo que Silvia vuelva al teclado. Llevará unos días convencerla, pero ella sabe que es la heroína y sólo se hará rogar unos días.

Mientras tanto los dejo con algunas imágenes de nuetro verano en Vancouver. El blog se llama 1000 días en Vancouver. Hemos pasado recientemente la marca de los 180 días así que tendrán blog para rato. ¡No nos abandoneis!

Antes de escribir algun post en el blog reflexiono sobre los días que pasaron, desde nuestro balcón:
O disfrutando de algún atardecer en la playa:


El Critical Mass, es una salida de centenares de personas en bicicleta que ocurre en muchos lugares del mundo con el objetivo de concientizar a la población sobre los beneficios de utilizar la bici en vez del auto como medio de transporte en la ciudad (menos congestionamiento, menos contaminación, menos demanda generada de petroleo, menos guerra por petroleo, etc.). En esta salida en Vancouver se estimó la participación de unos 3000 ciclistas. Nos nos ha convencido demasiado la forma de protesta (se asemeja a un piquete ya que corta el tránsito por horas), falta algun mensaje claro más que ciclistas dando vuelta por la ciudad en malón. Sin embargo el objetivo es genial en nuestra opinión.







Llegó el calor (30°C) y estuvimos varios días en la playa.


Este es un videito de nuestra ida desde casa a la playa y a la pileta de agua de mar:


Con las patas en el agua:



Otro atardecer que pasaba por ahí:


Disfrutamos mucho de un festival de jazz y música fusión: Silvia hizo ula ula con nuestros amigos y bailamos con la música de la banda local Five Alarm Funk.




Luego del Festival volvimos en bici a casa. Tomamos esta foto del atardecer/noche desde el puente que une el centro de la ciudad con nuestra zona.

jueves, 26 de junio de 2008

Amanece a las 4:45 AM

Los días son muy largos y se estiran nuestras dentaduras. Hay mucho día para disfrutar.

Pasa el camión de bomberos, la banda de trompetas y trombones, el escuadrón de motos de policía, la banda de gaitas, personas disfrazadas de muñecos,…y sigue. Los niños a la vera del camino saludan a quienes desfilan, a cambio reciben un divertido gesto…y sonríen y no lo pueden creer… “¡me saludó el que maneja el camión de bomberos!”... “¡el oso gigante ese me saludó y me dio un caramelo!”… Eso veo en las caras de los pibes.

Son cientos de chicos, adolescentes, padres, solterones, abuelos, estudiantes y yuppies en una calle de ciudad por la que normalmente rugen los colectivos, silban las bicicletas, y sólo murmullan los transeúntes. Hay puestos de comida, carreras de 1 km. con disfraces. La comunidad tiene sus días para juntarse en las calles y divertirse. Parece tan ingenuo a veces. Con Sil miramos desde la ventana de nuestro departamento hacia la calle, y vemos todo esto pasar, a la gente aplaudiendo, sonriendo, divirtiéndose con pavadas ¿Con esto se divierten los canadienses? Eso fue lo primero que pensamos. Nos reímos…pero seguramente sea pura envidia. Yo no tengo recuerdos de esto en mi infancia ni adolescencia, ni tampoco de vivirlo de adulto. Supongo que esto existe en los barrios de Buenos Aires, debe ser que a mi me parecía medio ridículo y aburrido, o no quería ser visto en este tipo de evento. No lo sé. Pero hay algo que flota detrás de todo esto que veo hoy que me parece increiblemente lindo, ingenuo, pero lindo.

No se si decir que hay mayor actividad comunitaria aquí. Es tan difícil medir el capital social cuando uno recién se está metiendo en la cultura local. Sin dudas acá el contacto físico es más escaso, el saludo más distante y el latido de la ciudad más sobrio. No se sí los vecinos se conocen, se visitan, etc. Yo poca bola le di a mis vecinos en Buenos Aires, y lo mismo ahora. En fín, la contracara de la distancia y cierta baja temperatura de las relaciones humanas en esta ciudad, es la ola de eventos comunitarios que hay en este comienzo de verano. Hay excitación por las más cálidas temperaturas (llegando a los 20°C con comodidad) y se funden las corrientes de inmigrantes que hoy dominan las caras e idiomas que se ven y oyen por las calles (el 90% de la población de Vancouver no nació en esta ciudad). Ya pasamos por el año nuevo chino, el día griego, y el festival de nuestro barrio que es hogar de gentes de los todos los continentes. Todo se vive con algarabía. Seguiremos explorando.

Dicen que esto sigue hasta fin de agosto. Luego, la ciudad comienza a bostezar maleducadamente sin taparse la boca, se acurruca entre sus antiguos bosques boreales, se tapa con una frazada pesada de nubes y se hunde en sueños largos de lluvia y frío.

El verano ya me genera una alegría de vivir que sólo se equipara con la desesperación por disfrutar de todo en este breve lapso en el que Vancouver se olvida de su ubicación casi polar y su origen de bosque lluvioso.


Algunas fotos del evento comunitario de nuestro barrio:




Almorzando con Inés y Julián en el día Griego, en el barrio de Kitsilano, a pocas cuadras de casa.
Juane e Isabel, compañeros de investigación de Sil, de las islas Canarias.
Noche de solsticio y cumpleaños de nuetro amigo mexicano Diego (remera roja). El flash de la foto revela lo que pasaba en la penumbra de la fiesta.


Me brilla la pelada durante el festival de Jazz, que tiene eventos gratis al aire libre y sesiones costosas en teatros para disfrutar de personajes como Herbie Hancock, Wynton Marsalis y Brad Mehldau. Nosotros estuvimos al aire libre.

Stanley Park es uno de los íconos naturales de la ciudad de Vancouver. Se encuentra en el medio de todo, entre el mar y la ciudad.


Aca los clásicos totems del parque:

Desde el malecón de Stanley Park
En el medio del parque, nos encontramos con este ecosistema. A 5 cuadras hay rascacielos, taxis, bancos, alcantarillas...gente....

Paseando en bici por el Parque.